El semáforo
Ayer me acordé de vos,
mientras el tiempo me hablaba en palabras lentas,
Me habla siempre.
Cuando las casas se estiran
y se convierten en edificios desde el tren.
Cuando elijo el tamaño perfecto de mi latte:
mientras el tiempo me hablaba en palabras lentas,
como si quisiera que no lo escuchara,
como si temiera mencionarte.
Me preguntó
si aún podía reconocerte:
si tu cara aún entra primero que tu cuerpo,
si tu nombre pesa diferente en otras bocas,
si tus pies se ponen de puntas al buscarme
entre todos ellos.
como si temiera mencionarte.
Me preguntó
si aún podía reconocerte:
si tu cara aún entra primero que tu cuerpo,
si tu nombre pesa diferente en otras bocas,
si tus pies se ponen de puntas al buscarme
entre todos ellos.
Me habla siempre.
Cuando las casas se estiran
y se convierten en edificios desde el tren.
Cuando elijo el tamaño perfecto de mi latte:
pensarte mucho o poco.
Cuando decido si me sentaré
de frente a la calle,
o si me escondo
de espaldas al semáforo,
de frente a la calle,
o si me escondo
de espaldas al semáforo,
como para no ver que cruzas en rojo.
El tiempo
ya no susurra,
ya no susurra,
insiste.
Ayer me aseguró
que pasarías por aquí,
como hace dos días,
que pasarías por aquí,
como hace dos días,
como el año pasado,
como si quisieras verme.
Que pasarías oliendo a pétalos
repartiendo tu cara en postales,
dejando a otros con las mismas dudas:
¿Valdrá la pena esperarte
o será mejor quedarse
mirando a la pared
donde el semáforo siempre cambia
y vos
cruzás
cuando ya no se puede?
repartiendo tu cara en postales,
dejando a otros con las mismas dudas:
¿Valdrá la pena esperarte
o será mejor quedarse
mirando a la pared
donde el semáforo siempre cambia
y vos
cruzás
cuando ya no se puede?



Comentarios
Publicar un comentario