Extrañeza
Sé muy bien que esto acabará
porque cuando me tocas
ya no desaparezco
entre las sombras de los árboles
ni me siento libre
como el silencio
en los techos altos.
Sé muy bien
que nos iremos apartando
más y más,
aunque ya parece
que la luz tarda 100 años
en cruzar
de un lado al otro
de la cama.
No somos compatibles
y me pregunto
si alguna vez
compartimos
la misma apertura pupilar
o la misma velocidad de paso.
Sé que te acaricio
con la misma incertidumbre
con que miro
los últimos sorbos de las tazas.
Sé que te sales de mí
un poco cada mediodía
porque ya no coincidimos
en el tempo de las carcajadas.
Ya mi historia se escribe
en hojas blancas
sin cuadrículas
y la tuya parece ser
mi nombre escrito
en una servilleta
a medio romper.
Ya no estás aquí,
adentro,
porque caminas tan rápido
como las gotas diagonales
en el tejado.
Yo seguiré allí,
afuera,
porque aún confías demasiado
en que la lluvia
y las hojas muertas
viajan tomándose
de las manos.



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