Tregua

Hoy me nombré en pasado porque,
aunque la oscuridad del pavimento
me persigue hasta las suelas,
no soy yo;
no es conmigo.

Me hice preguntas con los ojos de un desconocido.
¿Qué hago debajo de esta nube seca
cuando todo el suelo está lleno de tormentas? 

No respondí;
la pregunta era para mi ser anticuado,
el de ayer,
el que desconozco. 

Desconocí mi reflejo
frente a un charco tembloroso. 

—Que me fuera —dije.
—No me iré —respondí. 

Nos interrogamos a pocas lenguas
y nos leímos silencios helados.
Ganaría quien pateara el charco primero. 

El desconocido pareció saberme más
de lo que pensaba. 
Tan conocidos como el mar y el ciego.

Nos hablamos con los brazos en tregua
porque la confianza ahora se tejía
entre el aire y la respiración. 

Llamarte dejó de estar gramaticalmente lejos.
Te reconocí propio.
Te supe nuestro.

Aunque el agujero negro que orbita mi vida
distorsione el tiempo
y vuelva a llamarte ajeno.

te conozco ahora

te diré mi nombre luego. 



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