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El semáforo

Ayer me acordé de vos, mientras el tiempo me hablaba en palabras lentas, como si quisiera que no lo escuchara, como si temiera mencionarte.   Me preguntó si aún podía reconocerte: si tu cara aún entra primero que tu cuerpo, si tu nombre pesa diferente en otras bocas, si tus pies se ponen de puntas al buscarme entre todos ellos.   Me habla siempre. Cuando las casas se estiran y se convierten en edificios desde el tren. Cuando elijo el tamaño perfecto de mi latte: pensarte mucho o poco.   Cuando decido si me sentaré de frente a la calle, o si me escondo de espaldas al semáforo, como para no ver que cruzas en rojo. El tiempo ya no susurra, insiste. Ayer me aseguró que pasarías por aquí, como hace dos días, como el año pasado, como si quisieras verme.   Que pasarías oliendo a pétalos repartiendo tu cara en postales, dejando a otros con las mismas dudas: ¿Valdrá la pena esperarte o será mejor quedarse mirando a la pared donde el semáforo siempre cambia y vos cru...

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