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Presencia deshabitada

Déjame contarte. Las flores en el techo. La tetera apagando el fuego. La mecedora quieta, asustada. Pedazos de presencia deshabitada. Ya no hay abejas ni carcajadas oscuras. Las goteras no se arreglan desde enero. Las paredes húmedas. Las camas rotas. Mi jardín traza un camino hasta el balcón. Corté las espinas. Desenterré el verano. La casa huele a arroz con frijoles. Los tomates flotan. Uso la camisa de los botones caídos. Los hilos cuentan lo que queda. Érase una vez un mar que se secó. Endeudado de compasión propia. Asaltado en una orilla y desembocado en otra. Sobrevivió el río. Las ventanas bajaron la guardia. Ahora la luz entra completa. Pienso si el té te gusta con leche. No es posible. El marrón de mi mente lo llevas en el estómago.

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